VOLVER A ARTICULOS

EL GOBIERNO PERDIO LA PELEA

Por: Nicolás Márquez
NOTIAR

En esta prolongada puja entre el peronismo confiscatorio y los defensores de la propiedad privada, un sinfín de idas y vueltas se han producido y seguirán acaeciendo.
Muchas veces, se plantea esta lucha en términos cuasi futbolísticos: si gana uno, por añadidura pierde el otro.

 
Sin embargo, la politiquería, por su propia elasticidad, admite otras alternativas puesto que en un conflicto pueden perder los dos, pueden ganar los dos, o pueden hacerse pasar por ganadores quienes en verdad perdieron y viceversa.

Supongamos, que el Poder Ejecutivo logra al fin, disciplinar a sus desacreditados sirvientes (los parlamentarios del Frente para la Victoria) e impone una mayoría que, a libro cerrado mantenga vigente la resolución saqueadora en disputa (la número 125). Si esto fuese así, ¿cabría afirmar que el gobierno ganó?.

En tres meses al matrimonio presidencial se le dividió la tropa, perdió el voto campesino, se enemistó del todo con la clase media urbana, se derrumbó la ya alicaída imagen internacional, la inflación se acelera a ritmo vertiginoso, bajó la recaudación, las ventas, el consumo, el desabastecimiento acecha, el régimen entró en guerra con la prensa (la misma que antes lo acompañaba) y diversos sectores cívicos dejaron de temerle y salen a las calles a manifestar, cacerola en mano, su genuino descontento.

La imagen positiva de la mujer de Néstor Kirchner se desplomó de un prepotente 56% a un minusválido 20% en tiempo récord. A estas alturas, las derrotas y agujeros que padece el aparato oficialista son tan graves, que el resultado de los votos en el Congreso se torna adjetivo. Políticamente el régimen ya perdió muchísimo más de lo que eventualmente podría ganar aritméticamente en el Congreso.

Ahora bien, supongamos que el matrimonio presidencial encima no logra los votos necesarios en el Parlamento, pues entonces la derrota sería mayor aun. El gobierno no está peleando por ganar, sino por no perder del todo. Volviendo a los términos futbolísticos, siempre es menos dramático perder dos a cero que cinco a cero. Se quiere evitar la “goleada”, y en búsqueda de ese objetivo resiste el gobierno a trompadas limpias con el lugarteniente Luis D`elía en primera fila.

¿Y quién ganó entonces?. Nuevamente, más allá de las resultas numéricas de las votaciones parlamentarias, el campo se hizo oír como nunca, demostró una capacidad de fuerza y movilización tan espontánea como insospechada y cuenta con la simpatía expresa de los sectores urbanos (algo inédito en la vida argentina). Luego, si la resolución es modificada, el triunfo del campo será completo, si no se modifica, el campo volverá a las rutas y la población urbana otra vez a los cacerolazos.

El gobierno pareciera estar entrampado. Va de suyo, que tiene varios atajos. No olvidarse que son profesionales de la “rosca” y expertos en trampas y felonías. No son improvisados en la materia. Pero hay un dato que no debe soslayarse: los defensores de este oficialismo decadente ya no son intelectuales progresistas, periodistas más o menos presentables o políticos de alto vuelo (que en algún momento el kirchnerismo supo tener de su lado) sino desacreditados y gastados Ministros, matones a sueldo de pésima reputación y una devaluada recua compuesta por dirigentes y militantes de baja estatura.

Por último, el régimen conserva el manejo del dinero, lo cual le permite alquilar micros, repartir dádivas y sobornar punteros para fabricar actos y comprar aplausos de artificio. Pero ello es bastante poco si lo comparamos con el omnipotente peronismo que supimos padecer pocos meses atrás.

O sea, este poder que aun conserva el oficialismo es suficiente como para permitirle mantenerse en el poder (entre otras cosas porque afortunadamente nadie lo quiere voltear), pero totalmente insuficiente como para ganar elecciones o elaborar proyectos políticos de mediano y largo plazo. En efecto, el gobierno ya perdió muchísimo y las votaciones parlamentarias, salgan como salgan, no le quitan la derrota: la pueden agravar o aminorar.

¿Qué significa la derrota para el gobierno entonces?. Si bien todo depende de cuan grande sea el tenor de la misma, este enigma es imposible de pronosticar en una Argentina acostumbrada a vivir a los saltos y en zigzag. Asimismo, este descalabro que padece el oficialismo no quiere decir, necesariamente, que el retroceso sea lineal. Siempre existe margen para recuperar parte el espacio y del poder político perdido, pero de manera parcial.

“Si hoy hay elecciones, el oficialismo pierde” alegó el avezado consultor Rosendo Fraga, quien aclaró que “esto no es un pronóstico sino lo que pasaría hoy, pues faltan 16 meses para las elecciones”. Es verdad, 16 meses es mucho tiempo, el gobierno puede recomponerse algo, o puede descender en caída libre. El curso de los hechos nos irá marcando la tendencia.

Por lo pronto, ya nada es ni será igual en un país que, aunque signado por la mansedumbre, pareciera haber despertado de la ensoñación.

 (*) Periodista, abogado, escritor. Próximo libro del autor: “El Vietnám Argentino – la guerrilla marxista en Tucumán” (disponible en las principales librerías del país a fin de julio)

   VOLVER A ARTICULOS


Ventas e informes: lamentiraoficial@yahoo.com.ar

webmaster: Agustín Laje - www.cromo-web.com.ar