Coherente con sus insistentes compadreadas y prepotencias autocráticas, el Presidente Néstor Kirchner apostó fuertemente a favor de la reforma constitucional de la Provincia de Misiones, cuyo eje central gira en torno a imponer en dicha normativa la figura de “reelección indefinida”, la cual favorecería políticamente al actual gobernador del feudo de marras (el kirchnerista Carlos Rovira), al otorgársele la posibilidad de consagrarse virtualmente en Gobernador vitalicio.
El respaldo de Kirchner a este renovado escarceo antirrepublicano a nadie sorprendió, primero porque es inherentes a la idiosincracia peronista el avasallamiento a las libertades individuales, y segundo, porque el desabrochado mandamás ya hizo lo propio cuando era gobernador de Santa Cruz (a la sazón en calidad de menemista), imponiendo también la “reelección indefinida” en “su” provincia de procedencia.
Pero no sólo por el gran respaldo presidencial a Rovira las elecciones en Misiones son tomadas con gran espectativa, sino que la confluencia de factores de alta envergadura en el escenario político de la empobrecida región, le han brindado un marco de extraordinaria relevancia.
Dichos extremos, sin lugar a dudas lo constituyen la inusual conformación que para la ocasión ha tomado la oposición. Por un lado y como nota altamente distintiva, tenemos el papel protagónico que tácitamente ha tomado la Iglesia en la contienda (el candidato en primer término por la coalición opositora es el Obispo Joaquín Piña) y por otro, encontramos el episodio nada menor de que dicha coalición opositora está conformada por trece partidos políticos de ideologías policromáticas que, unidos por el horror y el espanto que implica estar gobernados bajo el yugo del peronismo feudal, se han cohesionado con un objetivo concreto: evitar no sólo la hegemonía, sino la eternización de la familia Rovira en el poder.
Empero, por la heterodoxa composición ideológica del frente opositor, a este se lo ha tildado y acusado de constituirse en una “bolsa de gatos”, lo cual es cierto. Pero la pregunta que seguidamente debemos efectuarnos entonces es la siguiente: ¿y el peronismo que es?. Pues prosiguiendo con estas terminologías zoológicas, el oficialismo no es ya una “bolsa de gatos” sino un “nido de víboras”.
Efectivamente, la roña gobernante no deja voluntades por comprar, ni vicio por practicar, ni felonía por promover, ni atropello por impulsar. Vale decir, el peronismo en ejercicio del gobierno se compone del desenfreno prebendario, el amedrentamiento a la prensa, la explotación y desparramo de la miseria, el aprovechamiento de la incultura, el nepotismo como regla general (tanto es así que la candidata oficialista es Viviana Rovira, prima del Gobernador de apellido homónimo), y como si todos estos desatinos fueran insuficientes, ya sucumben graves rumores y denuncias de fraude para las elecciones del domingo próximo. Estas y otras atrocidades han obligado a todo el arco opositor a coordinar esfuerzos a efectos de que el pueblo misionero tenga la opción de sufragar por un mal menor y evitar así un mal mayor.
Pero en definitiva, el desafío no es tanto que el caudillo Rovira pueda o no ser eventualmente reelecto in eternum, sino que lo acontecido en Misiones sirva de “globo se ensayo”, para extender dichas alianzas al resto del país, y que por añadidura se empiece a instalar en la opinión pública a modo de “efecto dominó” la noción de que, si los partidos opositores deponen protagonismos y se concentran en un solo frente, la costra gobernante puede ser derrotada electoralmente y, en política, el factor psicológico y/o anímico es clave para dar vuelta situaciones y resultados electorales presumiblemente adversos.
Luego, la gran “Misión” que a Misiones le cabe entonces, es nada más y nada menos que dar el puntapié inicial para comenzar a resquebrajar el nefando aparato corrupto y corruptor que malgobierna los destinos de nuestra desdichada Patria.
A distancia y desde la TV, todos los argentinos comprometidos con la institucionalidad estaremos fiscalizando el primer gran combate contra el imperante despotismo iletrado.
Nicolás Márquez, abogado, periodista, autor del libro La Otra Parte de la Verdad. Ultimo libro del autor, “La Mentira Oficial – el setentismo como política de Estado”.