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¿KIRCHNER ES PERONISTA?

13/04/2007

Por: Nicolás Márquez
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Si me hubiese tocado en suerte (o en desgracia) nacer y vivir en la Cuba comunista (todavía comandada por el tirano vitalicio Fidel Castro), por obra del instinto natural de autodefensa, conservación y supervivencia, quien esto escribe sería anticomunista.

Pero me tocó nacer en Argentina, en 1975, en pleno gobierno peronista, a la sazón comandado por la itinerante bataclana “Isabelita”. Tanto ayer como hoy (y como después de octubre), son los peronistas quienes, a pesar de gobernar siempre mal, tienen la maldita costumbre de ganar casi constantemente todas las elecciones de cabo a rabo.

Sin embargo, con permanente insistencia, de manera escrita o verbal, se denuncia la no-pertenencia del actual presidente Néstor Kirchner al peronismo, y seguidamente se complementa “gobiernan los montoneros, no el peronismo” (como si el peronismo significase ideológicamente algo concreto).

En puridad, el peronismo no es una ideología sino un modo semidelictivo de hacer política y, si los montoneros se presentasen a elecciones, no serían votados ni por el reglamentario fiscal de mesa.

Si en los tiempos que corren varios ex integrantes de aquella banda homicida ocupan cargos en el regiminoso aparato burocrático, no es porque hayan ganado algún comicio o gocen de consenso electoral, sino porque precisamente el peronismo (en todas sus formas, jerarquías y estructuras) no sólo les permite a estos delincuentes tal influencia, sino que (lo que es más grave) los invita a formar parte del gobierno cobijándolos, consintiéndolos, elogiándolos y prohijándolos con afectuoso entusiasmo y connivencia.

Así como en los años 90 muchos excusaban que “Menem no es peronista, es liberal”, la realidad es que por entonces no gobernaba la Ucede (sino que el peronismo le brindó cargos a varios de sus exponentes), mutatis mutandis, hoy no gobiernan los montoneros, sino el omnipresente peronismo.

Fuera del coyuntural Presidente que nos toca padecer (quien fue menemista y hoy le toca jugar de castro-chavista rebeldón), el segundo en jerarquía nacional, el Vice-Presidente Daniel Scioli, perdió su brazo derecho no combatiendo en el monte tucumano, sino en la motonáutica de farándula (hobbie “paquete” popularmente conocido como “off shore”), su mujer, la modelo Karina Rabollini, tampoco tiene nutridos antecedentes insurreccionales en la revoltosa “JP”, sino en las glamorosas pasarelas de la City porteña; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, tiene su inicio político no en las milicias de Mario Firmenich, sino en el nacionalismo de derecha comandado por Alberto Assef (cabeza del Partido Nacionalista Constitucional), sector del cual el amostachado Fernández transfugueó para moderar su derechismo y enrolarse junto a Elena Cruz en las filas de “Acción por la República” (a la sazón comandada por el tecnócrata dirigista Domingo Cavallo).

Hasta aquí, un somero repaso de los tres principales jerarcas de un régimen que, lejos de estar comandado por disciplinados guerrilleros, tiene por protagonistas a ominosos golondrinos y desertores que, por ser tales, no podrían haber elegido mejor lugar para actuar que no sea el peronismo.

Sería extensísimo repasar todos los funcionarios y arribistas de coyuntura, pero el grueso del aparato peronista (“Frente para la Victoria” le llaman ahora para distraer al vulgo), no es ni mas ni menos que el menemismo de antes de ayer, el duhaldismo de ayer y el Kirchnerismo de hoy (desconocemos en el futuro a quien traicionarán y bajo que caudillo se acomodarán).

Como si esto fuera poco, Kirchner cuenta además con casi todas las desdichadas particularidades (accesorias y principales) que han sido connaturales a todos los presidentes y principales dirigentes peronistas que hubo en sus ya lamentables 60 años de vida.

Es autoritario, demagogo, antirrepublicano, enemigo de la libertad de prensa, irrespetuoso de la división de poderes, le fascina agredir desde el atril (sin posibilidad de replica alguna por parte de los agredidos) a cualquiera y por cualquier causa, y además, siguiendo la tradición de presidentes peronistas, ha demostrado ser un cobarde cabal.

En efecto, así como el premier chileno Salvador Allende murió en la Casa de la Moneda resistiendo con casco y arma de fuego en mano la rebelión que lo derrocara en 1973, a contrario sensu, cuando “las papas quemaban”, el tirano Juan Perón escapó en 1955 al Paraguay y en los años 70 se hacía el guapo detrás de un vidrio blindado para insultar a la banda homicida que el había fomentado y cobijado dos años atrás.

Seguidamente y tras su deceso, tanto Luder, Isabel y toda esa roña hedionda que parodiaba gobernar el país, no vacilaron un segundo en fugarse en marzo de 1976 ante el inmanejable desmán por ellos creado (diputados renunciaban, López Rega se escapaba, intendentes y gobernadores desertaban y el máximo jerarca de la CGT Casildo Herrera huía a Montevideo); Menem por su parte, renunció cobardemente al ballotage en el 2003 defraudando a sus acólitos; Rodríguez Saa, tras declarar el festivo default (ovacionado por la iletrada turba peronista que tres años después aplaudió el pago adelantado al FMI) renunció a la semana de asumir; Duhalde tras ocupar la presidencia de facto (luego del golpe de estado contra Fernando de la Rúa) a poco de andar efectuó una huída virtual adelantando las elecciones; Kirchner ahora deja sus rústicos ademanes de compadrito prepotentón y “suspendió” su viaje al sur (previsto para conmemorar a nuestros héroes de la gloriosa gesta de Malvinas) temeroso ante la posibilidad de no ser adulado por un puñado de docentes que reclamaban las inconclusas mejoras salariales que el domesticado emisario de la FLACSO y lacayo del régimen Daniel Filmus proclamó demagógicamente para tratar de revertir su tibia adhesión electoral en las encuestas capitalinas.

Resulta error grave suponer que “gobiernan los montoneros”, pues en todo caso, estos últimos ocupan cargos que el tan generoso como prostibulario aparato peronista le brindó a varios de los ex integrantes de la mentada organización.

Sin ir más lejos, durante el festivo gobierno peronista de Carlos Menem, según investigación minuciosa efectuada por la periodista Viviana Gorbatto, los montoneros que participaron de aquella jarana de endeudamiento, frivolidad y despilfarro fueron alrededor de 500 (cifra prácticamente idéntica a la actual).

Quienes incurren en el diagnóstico acusatorio de que “estamos gobernados por montoneros”, cometen el peor error que se puede cometer en la batalla, cual es el de haberse confundido al designar el enemigo.

Y aun así, si fuese cierto que “gobiernan los montoneros”, entonces también gobierna el peronismo, puesto que en definitiva los montoneros salieron del peronismo, y contaron numerosas veces con la bendición del propio Perón, quien recién se distanció de ellos no por “diferencias doctrinarias” sino porque asesinaron a José Rucci, homicidio que en este caso Perón reprobó, a diferencias del asesinato de Pedro Eugenio Aramburu (también a manos de montoneros) que Perón festejó y felicitó.

Gobierna el hampa, la mentira, el saqueo, la rapiña, el clientelismo, la autocracia, la desvergüenza, la inelegancia, la mediocridad, la rusticidad y la incultura.

En resumidas cuentas, gobierna el peronismo, episodio que no sería del todo grave, de no ser por el hecho fáctico y fatídico de que dicha situación sea convalidada masivamente cada dos años por el aluvión sufragante.

No se equivocaba Juan Bautista Alberdi cuando afirmó “la masa ignorante toma un tribuno y elige un tirano”.

Gobierna el peronismo y nada más que el peronismo. Todo lo demás (y tal como lo decía otro triste dirigente peronista) es “pura cháchara”.

Nicolás Márquez, abogado, autor de los best seller “La Otra Parte de la Verdad” y “La Mentira Oficial” de reciente aparición www.nicolas-marquez.com.ar

Gentileza en exclusiva para NOTIAR

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