Los diferentes caciques de la oposición que errantemente peregrinan por los polvorientos caminos de nuestra empobrecida patria mendigando apoyos y adhesiones para las elecciones presidenciales de octubre, poseen como desganado objetivo arañar algún punto por encima de sus pares (alcanzando de este modo un segundo lugar) y seguidamente esperar que la candidata del oficialismo y actual senadora (nunca sabemos bien si por Bs.As. o Sta. Cruz) no llegue al 40%, forzando así un ballotage.
En este escenario eventual, Cristina Kirchner acudiría a una segunda vuelta contra un desvalido contrincante que, a todo vapor, habría arañado un 15% de los sufragios. Aun así, las diferencias serían tan abismales que una segunda vuelta se tornaría un acto meramente protocolar. El problema, según sostienen algunas voces, es que la “oposición” está fragmentada, y por ello que no hay margen para polarizar la elección.
Fantaseemos por un instante en que por obra y gracia de un intervalo lúcido conformado por un arrebato de bonhomía multilateral, los principales candidatos a presidente de la “oposición” deciden juntarse y llevar adelante un frente electoral común, a efectos de aunar y coordinar esfuerzos y dar con mayor fuerza batalla electoral al matrimonio gobernante.
¿Puede acaso tomarse como responsable a una coalición compuesta por Roberto Lavagna (autor del actual modelo empobrecedor y populista) y un defensor del libre mercado como Ricardo López Murphy?. En este armado ¿sería serio contar con la presencia del mesianismo progresista de Elisa Carrió?. Sí!, sostendrían los más optimistas y conciliadores, añadiendo “ahora es el sistema republicano el que está en juego”. Ante esta respuesta impregnada de tanto lirismo cívico ¿cabría entonces incluir en dicha coalición a ese antiestético conglomerado de caudillos feudales (peronistas “P”) que manejan “sus” provincias a discreción?.
Si este indescifrable cocoliche fuese unido en un mismo frente ¿acaso no sería tomado para la chacota?. ¿No sobrevolaría en la opinión pública el recuerdo de los magros resultados de la Alianza?.
Hay un dilema del que la “oposición” parece no poder escapar. Si van dispersos, se pierde por paliza, si van rejuntados, quedarían expuestos como un heterodoxo tropel de desesperados que se unen por el espanto y nada más que por el espanto.
¿Qué hacer entonces? ¿Cuál es el atajo a tres meses de las elecciones?. El papel de la oposición actual mucho me recuerda al de aquellos estudiantes universitarios que a 48 Hs. del examen final, pretendían absorber de un porrazo todo el bagaje de conocimiento que por pereza o irresponsabilidad no incorporaron en todo el año lectivo. Se pretendía así consumir a toda marcha un sinfín de apuntes y resúmenes a efectos de “redondear” conceptos en el aire, a la par que se rogaba y se rezaba a todos los Santos solicitando “que no salgan las bolillas impares”.
La oposición tuvo más de 4 años para pensar y armar algo más sólido que este penoso panorama compuesto por francotiradores tan solitarios como inorgánicos. Da la impresión que lo que no se hizo en casi un lustro, no se puede fabricar en un puñado de semanas que se esfuman en dramática cuenta regresiva. Si las chances de la oposición crecieran de acá a octubre, dicho aumento no sería fruto de los méritos de esta, sino del ostensible desgaste de un gobierno signado por la mediocridad, la perfidia, el resentimiento, la inescrupulosidad y la demagogia. Vale decir, signado por el peronismo en acción.
¿Cuál es el atajo ante el dilema?. Parece que ya no se puede hacer mucho más, sin embargo, el ingenio argentino siempre conserva un as bajo la manga. Por lo pronto, en los pasillos opositores se esperanzan con lanzar a Mauricio Macri como candidato a Presidente.
¿Le perdonarían los porteños a su intendente electo que este se trepe a una elección nacional?. No lo sabemos aun, pero los argentinos han perdonado y tolerado episodios mucho peores. Por lo pronto, gran parte de la población votará por los Kirchner, aunque pesen sobre ellos escándalos como el caso Skanska, Geréz, Julio López, los fondos de Santa Cruz, Miccelli, Picolotti, Garré y un inacabable etcétera. ¿Porqué escandalizarse ante un pecado venial si es complaciente con tantos pecados mortales?.
Los días corren, y en los círculos opositores hay más zozobra que definiciones, más dudas que certezas, más mezquindades que desprendimientos y más capataces que obreros. En tanto, el dilema sigue irresuelto.
Nicolás Márquez, abogado, autor de los libros “La Otra Parte de la Verdad” y “La Mentira Oficial” www.nicolas-marquez.com.ar