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EL EQUIPO DE CAMPAÑA DE CRISTINA

Por: Nicolás Márquez
13/09/07
NOTIAR



Desde una perspectiva regional, no cabe duda alguna de que el régimen viene de tropiezo en tropiezo. Tanto las derrotas en Misiones, Tierra del Fuego, Capital Federal, Santa Fe o el escándalo acaecido con motivo de las fundadas sospechas de fraude en Córdoba, nos ponen de manifiesto una paradoja muy singular: la gente no quiere al régimen pero está resignada a votar la reelección del matrimonio gobernante.

Vale decir, el despotismo iletrado pierde en los ámbitos regionales, pero ganaría cómodamente la elección presidencial. O sea, la ciudadanía está dispuesta al cambio en sus respectivas provincias, pero esa voluntad de cambio no está tan clara en el plano nacional. ¿Y a qué obedece tal desdoblamiento sufraguista?

Probablemente a dos factores concomitantes.

Por un lado, el cambio de administración en una provincia por grande e importante que fuera, no modifica sustancialmente la estructura global de un país. Vale decir, no interviene en la inflación, ni en el sistema financiero, ni en la gobernabilidad, ni en la calidad institucional ni en aspectos de índole estructural. El cambio de un gobierno provincial le genera al sufragante mucho menor zozobra e incertidumbre que el que pudiera ocasionar un eventual cambio de administración presidencial.

¿Y porqué tanto temor a un cambio de administración presidencial si en definitiva la actual no lo conforma ni convence? Precisamente la orfandad ideológica y por sobre todo estructural que han mostrado los diferentes sellos de goma de la itinerante e inorgánica oposición, constituyen involuntariamente el mejor argumento de campaña para la consagración de la heredera dinástica en el mes de octubre.

El grueso de la ciudadanía es hostil al gobierno (las elecciones provinciales así lo demuestran y comprueban), pero dicha hostilidad tiene un límite: la desconfianza que le despierta la oposición. O sea, el ciudadano está dispuesto a castigar al régimen en el marco de las urnas en tanto y en cuanto dichas elecciones no conlleven riesgos mayores, empero el mismo ciudadano disidente pareciera no estar dispuesto a lanzarse a la aventura votando propuestas y proyectos tan inciertos como azarosos. Quedan muy frescos los efectos de la “Alianza” (muchos de cuyos protagonistas integran el gobierno actual), con su respectivo corralito, desgobierno, golpe de Estado cívico-empresarial e inexorable devaluación.

Dicha desconfianza popular no se funda en cuanto a la honorabilidad de los candidatos.

Sabe la gente que tanto Ricardo López Murphy, Elisa Carrió y hasta el mismo Roberto Lavagna, resultan moralmente mucho más confiables que la felonía matrimonial y su corte de ministros rufianescos que los rodean y adulan rentísticamente. La desconfianza entonces no gira en torno al contenido de los principios, de las ideas o de la moral (o sea en el plano de lo inmaterial), sino en cuanto al poder efectivo, al poder de lo fáctico, al poder estructural (es decir, en el plano de lo material).

¿Cuánto tiempo podría gobernar Elisa Carrió si no puede contener siquiera a los militantes del ARI? ¿Cuántas semanas soportaría López Murphy un aluvión de saqueadores comandados y pagados por los mafiosos del conurbano bonaerense si hasta el dirigente municipal Mauricio Macri le presta más respaldo a Jorge Telerman que a su socio político? ¿Para qué votar a Lavagna si en definitiva es el autor del actual plan económico? ¿Qué sostén y defensa tiene acaso Jorge Sobisch más allá de la singular verborrea del pintoresco Jorge Asís que lo secunda?, ¿Puede tomarse como seria la candidatura del intergaláctico Adolfo Rodríguez Saa, sólo respaldado por su hermano y los cuatro militantes menemistas supérstites?

“El gobierno está compuesto por una cuna de ladrones!” braman en las calles, en el café, en los subtes y en los taxis el grueso del trajinado y maltratado ciudadano. Pero el problema, es que se está prefiriendo vivir en este presente penoso e indignante (pero relativamente previsible), antes que apostar a un cambio venturoso y de porvenir tan incierto como impreciso.

Es responsabilidad de la oposición brindar a la ciudadanía seguridad, confianza y entusiasmo. Ninguna de estas tres cosas son percibidas por el votante medio. Si el régimen es la perfidia organizada, la oposición constituye la garantía para que dicha perfidia perviva y subsista.

Cristina Kirchner viaja mucho por el mundo, está poco en el país, no visita barriadas miserables, no da conferencias de prensa, no frecuenta programas políticos, no brinda reportajes, ni participa de debate alguno.

-“¿Cómo puede ser que Cristina esté ausente en plena campaña?!”
(bramó con preocupación un militante kirchnerista).

- No te preocupes (replicaba un asesor presidencial), el equipo de campaña de Cristina está compuesto por los mismos candidatos de la oposición.

Pareciera que involuntariamente, el grueso de los referentes opositores trabajan para la reelección de Cristina. Decimos el grueso y no todos, porque alguno de ellos, quizás trabaje de manera conciente. Pero ello ya es harina de otro costal.

Nicolás Márquez, abogado, autor de los libros “La Otra Parte de la Verdad” y “La Mentira Oficial”

www.nicolas-marquez.com.ar

Gentileza en exclusiva para NOTIAR

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